NOTÍCIES NOTICIAS NEWS

Reflexividad emocional en contextos de migración

el en on .

by Yvonne Albrecht

Desde una perspectiva sociológica, ¿qué importancia tiene considerar los procesos internos? Yo argumentaría que, si queremos entender y explicar la sociedad (Weber) adecuadamente, es imprescindible incluir las emociones en nuestras consideraciones sociológicas. La socialidad está unida inextricablemente a los sentimientos de las personas: las emociones influyen sobre las estructuras, las relaciones y las interacciones sociales. No es plausible delegar el análisis del rol social de las emociones a la psicología (social) solamente, porque las emociones forman parte de la sociedad: las emociones —sean de amor o de odio— unen a las personas, tal como figura en la obra de Simmel. Desde este punto de vista, sin duda las emociones son siempre sociales y, en este sentido, el hecho de tenerlas en cuenta no contradice a Durkheim cuando afirma que lo social se explica con lo social.

Por tanto, está claro que las emociones también son relevantes en contextos de migración, un tema importante, sobre todo en la actualidad. Hoy en día, las demarcaciones claras y la sensación inequívoca de pertenencia ya no son posibles «sin más» (Albrecht, 2016, pág. 1). En las sociedades actuales hay muchos marcos de referencia que se contradicen entre sí parcialmente. Estas contradicciones se pueden constatar incluso en un contexto social y aumentan cuando nos movemos en diferentes contextos sociales, como los procesos migratorios. Es por ello que afrontar la ambivalencia es uno de los principales retos en los procesos migratorios (Amelina, 2013, pág. 145). Por consiguiente, el control cognitivo o racional —por ejemplo, el que se lleva a cabo con el trabajo emocional (Hochschild, 1983)— no es el único mecanismo adecuado. Las emociones son cada vez más importantes para recorrer el propio camino en condiciones inciertas (Holmes, 2015, pág. 61) el concepto reflexividad emocional —introducido por primera vez por Mary Holmes y Ian Burkitt— trata este tipo de «recorrido». Mi artículo, señala la importancia que tienen los procesos de reflexividad emocional para las personas que se encuentran en procesos migratorios. Sin embargo, ¿cómo recorren las personas migrantes su camino emocional en condiciones inciertas? Y ¿a qué retos particulares enfrentan? Estas eran las preguntas que me interesaban.

Para analizar estas cuestiones, hubo que modificar ligeramente las definiciones anteriores de reflexividad emocional de Burkitt y Holmes: definí reflexividad emocional como el proceso de ajuste interno entre la actividad y la pasividad emocionales. Como actividad emocional, definí, por ejemplo, la influencia (cognitiva) de las emociones, que se lleva a cabo con el trabajo emocional (Hochschild, 1983). Por el contrario, la pasividad emocional consiste en dejar fluir las emociones sin intentar modificarlas cognitivamente. El resultado de este proceso es visible por medio de un nivel de acción que también consiste en no emprender ninguna acción (Helfferich, 2012).

Concretamente, en contextos migratorios, la influencia cognitiva de las emociones resulta necesaria para afrontar tanto experiencias de racismo como exigencias de integrarse en el contexto de llegada (Alemania, en estos casos) cumpliendo unas expectativas de eficiencia. En mi artículo, mencionaba el caso de Caven, que emigró de Etiopía a Alemania. En la entrevista habla de una experiencia racista en Alemania: «Por eso, si tengo que ir a la ciudad de F. o así, voy a la estación. Una vez esperaba el tren tranquilamente en un rinconcito y no paraban de venir a pedirme la identificación, una y otra vez. Uf, era muy pesado, siempre igual (ríe). “¿Qué hay de extraño realmente? O ¿cómo me comporto?”, y luego pensaba “De acuerdo, quizás es culpa mía y tengo que cambiar mi comportamiento para con la gente”. No me daba cuenta todavía, pero intentaba […] me esforzaba por integrarme». (Entrevista a Caven, líneas 95 a 119)

Caven comparte una anécdota de discriminación institucional: dado que se trata de una persona de color, se le identifica fácilmente como «extranjero», y por ello es víctima de este control. Destaca que no es una situación aislada, sino que le pasa habitualmente. Mientras habla de sus diálogos internos, se hace patente que estas interacciones con las personas en contextos institucionales impulsaron su proceso de reflexividad emocional. Es consciente de que hay un problema; afirma que las expectativas y las demandas sociales son aparentemente diferentes de su manera de presentarse o de actuar. Las discriminaciones raciales (Terkessidis, 2004) le han inducido a pensar que es él quien tiene que cambiar. Lo que esta transformación podría parecer es muy poco claro porque la discriminación tuvo lugar porque Caven es una persona de color. Según su interpretación, la necesidad de transformación está vinculada al discurso de integración: él considera que debe ser él quien se debe integrar, pero expone que no ha sido capaz de hacerlo todavía.

Más adelante en la entrevista, Caven explica la manera en que hizo frente a estas dificultades en el contexto de llegada. El resultado de su proceso de reflexividad emocional es la influencia cognitiva de sus emociones. Él aguanta el tipo y se dice a sí mismo: «¡Sé fuerte!»

El resultado del proceso de reflexividad emocional de Caven es un ejemplo muy claro del poder que tienen las circunstancias, que provocan una influencia cognitiva en sus emociones. Este fenómeno se puede observar en el contexto del concepto trabajo emocional de Hochschild (1983). Por lo tanto, podemos constatar que llevar a cabo trabajo emocional resulta necesario para las personas migrantes que deben afrontar interacciones racistas. Esto significa que las personas deben influir en sus emociones cognitivamente para ser capaces de hacer frente a las experiencias de racismo en el contexto de llegada.

Podríamos decir: «¿Y qué?, ¿qué problema hay?». Todos debemos influir en nuestras emociones para ser capaces de afrontar retos concretos en sociedad. Por un lado, Caven se define como una persona fuerte y preparada. Se presenta como una persona que puede afrontar las situaciones racistas. En este sentido, el trabajo emocional parece que es una especie de apoderamiento. Incluso Hochschild (1983) presupone consecuencias negativas con la práctica del trabajo emocional a largo plazo: el resultado puede ser la enajenación del «yo».

Y, por otra parte, el vínculo de la discriminación con el discurso de la integración resulta problemático: Caven sufre discriminación racial y piensa que él es el problema. Parece que la integración está vinculada con la definición de asimilación. La interpretación de Caven de esta situación es un indicio de la gran influencia que tiene esta definición de asimilación, que todavía es virulenta en la sociedad: la demanda unilateral a las personas que han emigrado para que cambien. La situación de caracterización racial podría haber inducido a Caven a escandalizarse. Por el contrario, sin embargo, piensa que él debe cambiar. Y podríamos hacer la pregunta polémica «¿Cómo?». Claramente, el problema lo tienen los trabajadores institucionales. Son ellos quienes deben reflexionar sobre su comportamiento, no Caven, que ha sido víctima de discriminación.

Pero ¿qué pensáis de los procesos de reflexividad emocional y de las personas migrantes que practican el trabajo emocional? ¿Lo definís como un problema o no?

El artículo completo:

Albrecht, Y., (2018). Reflexividad emocional en los procesos de migración. La necesidad de considerar los procesos internos para explicar la agencia. Digithum. (21), pp.43–53. DOI: http://doi.org/10.7238/d.v0i21.3106

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *